Y me empeñé, y los volví un poco locos, si, pero mereció la pena. La preboda tenía que ser en un campo de girasoles porque era lo que me inspiraba esta pareja tan especial. Porque ellos son así, como girasoles: Naturales, divertidos ¡y con mucha luz!

Ana tiene ese mezcla de alegría y locura capaz de contagiar a cualquiera casi sin quererlo. Iñaki intenta ser formal, pero se deja envolver por Ana, y es ahí, en ese punto intermedio, donde encuentran ese estado de felicidad y alboroto que algunos llaman amor. Así, entre contagios de alegría hicieron que sacara el niño que llevo dentro y entre soles y girasoles pasamos la tarde como si de un recreo se tratara y ¡qué bien sienta dejar de ser adultos por un rato!

El resultado ya se ve, todo muy natural, espontáneo, con sonrisas de oreja a oreja y aunque alguna nube se empeñaba en molestar, no importaba porque tenía delante a dos soles y muchos girasoles.

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